La Movida Puertollanera- Capitulo 2: LA REVOLUCION DE LOS SESENTA
Antes de entrar en materia, considero conveniente dar un repaso genérico al panorama musical del país desde los años sesenta, para que nos sirva como referencia y situarnos debidamente, con el fin de mostrar la evolución de la música en sus diferentes tendencias y estilos, hasta la década de los ochenta
En nuestro país, la situación política produciría una falta de sincronismo con las etapas que los movimientos juveniles (algunas ya en declive) iban superando más allá de las fronteras (los famosos y perdidos años de retraso). Lo de fuera llegaba escaso, amortiguado el impacto de las nuevas tendencias musicales por los medios de comunicación (La radio era el principal vehículo de comunicación masiva)…. Los jóvenes comenzaban a soñar mirando al mar… pero no de la misma forma que Jorge Sepúlveda.
En los sesenta, la música danzaba entre las versiones de Los Estudiantes, Los Gatos Negros, Los Mustang con el submarino amarillo de los Beatles, el zorongo de Los 4 Jets, Los Sonor con una versión de «Los Campanilleros», Los Sirex barriendo con la escoba, Los Salvajes porque eran así y cantaban eso de «soy así, qué le voy hacer...», Los Huracanes metidos en un calcetín…
Los Festivales de Eurovisión, San Remo, de Benidorm... era lo más factible. «Estando contigo», que diría la festivalera Conchita Bautista, («que bueno, que bueno, que bueno»), Raphael con el tan parodiado (por lo de la bombilla) «yo soy aquel», Julio Iglesias recordando a Gwendoline…
Por aquella década, mientras Los Brincos se ahogaban borrachos en un sorbito de champán (cava) y Massiel ganaba el Festival de Eurovisión con «La, la la»... una revolución estudiantil en EE.UU. y Francia, iba a suponer un vuelco en la forma de pensar de los jóvenes ante el mundo.
Una vez vencida la resistencia inicial, grupos de música Pop como Los Bravos, con su motocicleta, uniendo a los chicos con la chicas (el tema «Black is Black, llegó a destacar en los hit- parade de los EE.UU., Inglaterra, Francia... quitándole, en alguna ocasión, la supremacía a los mismísimos Beatles); Los Pop-Top llamando a su «Mamy Blue», Los Canarios, entre estaciones de libertad... nos ofrecen un producto con mucho contenido rítmico, pero mirando más la forma (estética) que el contenido (texto de las canciones).
En los setenta, las canciones de verano acabaron por imponer una música puramente comercial sin pretensiones... Algunas, ni siquiera musicales. Salomé ganaba el festival de Eurovisión con «Vivo Cantando», Karina buscaba en el baúl de los recuerdos, las flechas del amor para un Nuevo Mundo, y Los Pic-Nic le decían a Jeannete: cállate niña, no llores más... como augurio a su posterior inconformismo de sentirse rebelde porque el mundo la había hecho así... Grupos como Los Relámpagos con sus hilos de seda musicales, Los Pekenikes, cerca de las estrellas con el embustero y bailarín, Los Ángeles con su mañana, mañana. Los Pasos intercambiando ojo por ojo, Los Módulos sintiendo que ya llegó la hora y todo tiene su fin, Conexión, intentando que su voz fuera escuchada, la oveja negra de los Lone Star... intentan disimular esa comercialidad con más base musical...
Aunque los veranos no son para las canciones, las canciones de verano son para que Formula V nos cuente como le ha ido (conocida sintonía de la serie televisiva "Cuéntame como pasó"), si Eva María conoció la felicidad cuando se fue buscando el sol y la playa o al encontrar un amoroso rayo de sol en un fin de semana, como insinuaban los Diablos (por cierto, que ya empleaban mini-sintetizadores). Para los Mitos era muy fácil, mientras Miky y los Tonys todavía no sabían nadar. Los Payos escribían en la arena de la playa el nombre de María Isabel. Los Albas, con sus tres palabras de boleros modernizados (para boleros, los de Antonio Machín con sus maracas). Peret cantaba y era feliz con un borriquito como tú, (tururú), pues era preferible reír que llorar. Manolo Escobar seguía buscando su carro, pregonando con sus canciones lo de « ¡Y viva España! ».
CANCIÓN DEL PUEBLO
Como respuesta a la Nova Canción catalana (Pi de la Serra, Raimón, Paco Ibáñez, Lluis LLach, Serrat...), aunque con menos raíces culturales y populares, surge la Nueva Canción castellana (Luis Eduardo Aute, Manolo Días, Massiel...), que «ablandaron» el análisis de la realidad (en cuanto a la forma y al fondo), haciendo un tipo de canción de texto que entraba dentro de los cauces de la canción protesta o actitud crítica más o menos asumida, y por tanto tanto permisible para los que dirigían y controlaban la realidad socio-económica-político-cultural a todos los niveles. Tuvo como plataforma de lanzamiento el mundo del disco, tratándose e un producto descaradamente comercial.
Al final los unos y otros se ponen de acuerdo y nace La Canción del Pueblo, con temas sociales más comprometidos. (Adolfo Celdrán, Elisa Serna, Hilario Camacho, Rosa León, Luis Pastor, Pablo Guerrero, Víctor Manuel...), ofreciendo una alternativa política e ideológica, dando respuestas a los problemas de su tierra, eso si, dentro de un marco de las propias estructuras sobre las que descansaba el sistema (RTVE, Emisoras de Radio y compañías Discográficas).
No podemos olvidarnos de Cecilia con su ramito de violetas, o del dúo Víctor y Diego con su mujer de cristal en tiempo de amor, o de Nino Bravo, libre como el viento… que aunque no estaba encuadrado dentro de los llamado cantautores, tenían algo que decir en el panorama musical.
Poco después bajo el nombre de La Mandrágora, Joaquín Sabina, Javier Krahe y Alberto Pérez, nos ofrecen un concierto, jugando a adivinanzas y pasándolo bien entre los círculos viciosos de un burdo rumor bajo la tormenta de Marieta con la ovejita lucera y el santo varón en la hoguera del cromosoma… allá donde se cruzan los caminos y donde el mar no se puede concebir (pongamos que hablo de Madrid). Para entonces, los que antes actuaban «a pelo», con una guitarra (española o acústica) y la voz, se empezaron a rodear de músicos, para terminar formando varias bandas bajo la figura del cantautor.
LA NUEVA MÚSICA FOLK
Los grupos de música de música folk, desprovistos de castañuelas, cascabeles, almirez, lebrillos, botellas de anís... y dejando de usar como percusión una zapatilla golpeando en la boca de un cántaro, se vistieron de material eléctrico, combinando con laúdes, violines, contrabajos y demás flautas... juntos a guitarras y teclados eléctricos, y salieron al escenario mostrando el nuevo folk: Nuevo Mester de Juglaría con sus coplas tradicionales y el romance de «El Pernales»; Nuestro Pequeño Mundo con sus adaptaciones del Folk americano; Mocedades vendiendo en una cesta el aire, para decirnos: «tómame o déjame, mientras el arriero va, porque eres tu mi amor de hombre y yo la secretaria celestina de tus citas clandestinas»; Maíz y Laurel que veían como se meneaban los álamos, madre; Los Lobos, con los vientos del pueblo... demostrando que la música Folk (que no Folklore) aún sigue viva, y se va construyendo día a día, esté etiquetada o no (lo que hoy es moderno, mañana será tradición). Eso sí, siempre respetando lo ya hecho, e incluso, basándose en las experiencias musicales aportadas desde que hombre tiene unos de razón musical. Otro revulsivo a la hora de interpretar Folk, fue el aportado el grupo Agua Viva, musicando a los poetas Andaluces, el grupo Jarcha (Juan José Oña fue uno de sus fundadores) haciendo retratos de una Andalucía marginada, de unos aceituneros altivos de Jaén, de que no hay libertad sin cadena, mientras pasan por el camino los «segaores»... para terminar aclamando una libertad sin ira, como preludio de una estrenada democracia, y otros tantos grupos de folk, pero sin tanto clore.